Gantry 5

 

Bulletin N°62 2026   Nacida en 1949 en Beirut, en una familia de la burguesía palestina en el exilio, víctima de la Nakba, Leila Shahid se convirtió en uno de los rostros más reconocibles de la diplomacia palestina en Europa durante casi treinta años.
Se incorporó a la Organización para la Liberación de Palestina en la década de 1970 y ocupó diversos cargos en Europa (Irlanda y posteriormente en los Países Bajos) antes de ser nombrada Delegada General de Palestina en Francia en 1993, tras los Acuerdos de Oslo. Estrecha colaboradora de Yasser Arafat, representó a Palestina en París hasta 2006 y, posteriormente, ante la Unión Europea en Bruselas hasta 2015.
Presencia habitual en el debate público francés, aboga incansablemente por el reconocimiento de un Estado palestino. En un panorama mediático a menudo reticente a utilizar los términos ocupación o colonización, se mantiene firme en su postura.
En los últimos años, había enfrentado problemas de salud. Sufriendo de depresión y profundamente afectada por el genocidio en Gaza, donde tenía muchos amigos, se quitó la vida en su casa de las Cevenas.
Leila Shahid, como otras personas cercanas a Yasser Arafat, había comprendido, quizá un poco más tarde que otros, que el proceso de Oslo, en el que había puesto toda su alma, había sido una segunda catástrofe para Palestina, que era el comienzo del ataúd de una Palestina libre.
Pero el ataúd no está cerrado. Desde el 7 de octubre de 2023, la Resistencia Palestina se ha alzado de nuevo y ha tomado la iniciativa. El Estado colonial sionista está siendo expuesto al mundo por lo que realmente es: el resultado de una colonización de reemplazo, con sus consiguientes masacres e injusticias. La entidad sionista se encuentra en una situación desesperada. Quizás esta gran dama, esta noble figura de una Palestina libre, no había previsto este aspecto final.
En un emotivo homenaje, Muzna Sihabi, quien conoció bien a Leila Shahid, nos cuenta: «  Leila no solo fue una pionera. Rompió la imagen fija del palestino en Europa. Desafió el monopolio israelí de la narrativa. Forjó alianzas, abrió brechas y fusionó lo activista, lo intelectual y lo diplomático. Se dirigió a Occidente en su idioma, pero sin disolverse jamás en él. […] Hablaba el idioma de Francia con elegancia, lealtad y amor. Creía en su universalismo con fervor lúcido, como se cree en una idea superior a uno mismo. Frecuentó sus instituciones con constancia y respeto, sin dejar jamás de pertenecer a la Palestina que llevaba dentro. Y es en esta tierra que eligió vivir sus últimos años. Para establecer aquí su hogar. Para escribir aquí su fin. ¿Honrará Francia a Leila Shahid?  » [1]